La Toxina Botulínica es una proteína natural producida por una bacteria, que una vez purificada y en dosis mínimas, puede emplearse para relajar ciertos músculos de la cara y combatir las arrugas producidas por la edad, contribuyendo a conseguir una expresión del rostro mas relajada y juvenil. La inyección de la toxina botulínica de forma localizada en los músculos responsables de la formación de cada arruga permite relajar de forma selectiva sólamente esos músculos, manteniendo intactos el resto.

¿Como funciona? Las expresiones de la cara se producen porque determinados músculos se contraen o se relajan, haciendo que las cejas suban o bajen, la frente o el entrecejo se arruguen, o se muevan los labios y los parpados. Estos músculos se mueven porque reciben una señal desde el cerebro a través de ramas del nervio facial, que llegan hasta cada músculo y les hace contraerse. En las sinopsis neuronales (la conexión entre el nervio y el músculo) se libera una sustancia denominada Aceticolina, que al activar unos receptores en el músculo inicia la contracción. La toxina botulínica bloquea la liberación de Acetilcolina a este nivel, y el músculo afectado deja de contraerse. Es «como si desenchufáramos el cable que lleva la corriente para que el músculo funcione». La piel alrededor de la zona tratada se alisa y las arrugas desaparecen. El resto de la musculatura facial que no se ha tratado sigue funcionando y se contrae de manera normal, por lo que la expresividad del rostro no se altera, y podrás seguir riendo, hablando, sonriendo… pero con menos arrugas en las zonas tratadas. ¿Es permanente? No. La toxina no hace desaparecer las arrugas para siempre. Los efectos del tratamiento comienzan a verse a los 3-5 días del tratamiento, pero los efectos de la primera infiltración con Botox suelen desaparecer a los 6 - 8 meses y hay que repetir el tratamiento. Sin embargo, con las sucesivas infiltraciones los músculos implicados se van atrofiando, con lo que la duración del efecto es cada vez mas prolongada.